El tejido “faz de urdimbre” es llamado en la zona “chusi”. Se comprime lateralmente de manera que las urdimbres cubren totalmente las tramas e impiden su visualización. Permite el tejido liso, monocromático; el listado de colores verticales y en algunos casos, la combinación con finas rayas transversales o peinecillo. También se utiliza como base para las tramas suplementarias y sobre bordados,  casos en que los hilos que forman el diseño quedan “flotantes” en el tejido. La técnica de guarda atada o ikat es otra variante de la técnica de chusi. En ella se cubren algunos hilos de la urdimbre con ataduras, de diseño previo, y se lo somete  a un baño de tinte anterior al tejido, consiguiendo que las áreas cubiertas permanezcan del color original.

 
 

El pelo cortado es una de las decoraciones más utilizadas sobre el chusi. La trama corre por delante del tejido y es enganchada desde atrás de la urdimbre, arrastrándola en forma de una lazada que se deja sobresaliendo sobre una vara, elemento utilizado para que al cortarla el alto sea parejo. En algunos casos en pequeños bloques y en otros cubriendo con esa técnica decorativa toda la extensión de la pieza, fondo y figura. Esta fue la primera de las técnicas que facilitó el desarrollo de las figuras. La primera que brindó la libertad de dibujar en el tejido.

 

El tejido faz de trama es muy utilizado en la región. Los llamados “baetones” tienen grandes dibujos logrados mediante el uso de tramas discontinuas. Vulgarmente se lo llama técnica de tapiz. Cada trama teje en el espacio que el dibujo lo requiere y, a lo largo de una misma línea de tejido, encontramos varias tramas de diferente color que conforman, cada una, su porción del diseño.  En su encuentro van rodeando de manera alternada una misma urdimbre, esta unión produce un tejido dentado o encastrado. Por lo tanto, el límite entre una zona y otra no es neto sino una serie de rayitas de uno y otro color.

Tejido llano en faz de urdimbre, cubierto totalmente con flotantes de trama suplementaria con los que se realiza la figura y el fondo. Es una trama extra, que se coloca por encima de las que componen el tejido base.  Los flotantes pueden hacerse siempre sobre la misma cantidad de hilos de urdimbre y colocarse de manera alternada, produciendo una textura regular o colocarse de manera irregular para generar una superficie arrasada.

 

 En Santiago del Estero, el uso de tintes naturales para los tejidos era una práctica en vías de extinción debido a la introducción, a comienzos del siglo xx, de las anilinas químicas. Hecho que se repite en otras comunidades tejedoras de Latinoamérica. En la memoria de las maestras tejedoras quedaban escondidos recuerdos de recetas utilizadas por sus madres y de experiencias de teñido en las que participaron de niñas. Es esa tradición la que intentamos recuperar en nuestro trabajo compartiendo experiencias. El proceso de teñir recorre diferentes etapas: desde la recolección de los materiales tintóreos hasta el teñido propiamente dicho. La lana de oveja debe ser bien lavada para obtener una buena absorción del tinte y para que los colores sean resistentes a la luz y al paso del tiempo, se utilizan fijadores o mordientes. Según cuenta Carmen Ibáñez de Ruiz, tejedora santiagueña, el “amortiguado” -como llaman las santiagueñas a esta operación-es tarea importante. En la zona, la utilización de alumbre, sulfato de hierro y cobre ha permitido, desde tiempos antiguos, obtener variados matices de la paleta cromática. Después del “amortiguado”, las fibras se enjuagan y recién allí son introducidas en el baño de tinte. Éste se ha obtenido previamente hirviendo el material tintóreo seleccionado. Lloro de algarrobo, afata, liga, itín, quebracho colorado, jume, manzanilla, balda y tantos más, son los regalos del monte, con los cuales, las experimentadas teleras santiagueñas consiguen múltiples verdes, amarillos, naranjas y marrones. La grana cochinilla (Dactylopius ceylonicus) ocupaba un lugar importante, en la zona, desde épocas prehispánicas.  El reiterado uso de rojos y tonalidades derivadas (rosas, morados y naranjas) en los tejidos de la provincia, tiene seguramente su explicación en ella. Es el único tinte de origen animal utilizado en Santiago, surge de un pequeño parásito que se cría en las tunas. Doña Berna Paz explica el proceso que sigue a la recolección: “se machaca la grana en un mortero o entre dos piedras; la pasta obtenida se envuelve en una telita y se coloca a  secar al sol en el techo del rancho, hasta el momento en que se la necesita. Siempre ha crecido de forma silvestre en el monte santiagueño, especialmente en épocas de lluvias (verano).  

 

 Para un buen tejido, no hay nada más importante que un buen hilado. Las artesanas hilanderas utilizan un huso, en quichua: puchkana. Esta herramienta, que consiste en un palo de algarrobo tallado de unos 30 cm, va variando su medida según el grosor de hilo deseado. Para la producción de tejidos tradicionales se realizan hilos torcidos en 4 diferentes grosores, incluyendo extra fino para las telas y el hilado sencillo de una hebra para bastones. Sentadas, las hilanderas comienzan tomando un copo de vellón de lana que  arrollan en la muñeca  izquierda, toman con la mano derecha una parte de esa lana que se empieza a estirar y esbozan una mecha. La enrollan alrededor de sus dedos índice y medio izquierdo para facilitar la tarea. La afinan con gran maestría y cuando alcanza el grosor y la longitud deseada fijan la punta del hilo en el extremo superior del huso. Lo hacen rotar con un movimiento de castañetas hecho con pulgar y medio de la mano derecha y mientras gira en el aire colgado de la hebra, se controla la torsión, se va estirando un poco más de lana y aumentando la longitud de la hebra. Cuando el largo del hilo torcido impide continuar, se suspende la tarea para enrollar en el palillo en hilo obtenido, enlazarlo y comenzar nuevamente el ciclo hasta que el huso esta “cargado”. De esa manera, una y mil veces repiten la acción. Al tener dos husos completos, comienzan el retorcido. Unen dos hilos simples y los rotan para el lado contrario del que han sido torcidos en la primera etapa. 

 

El tejido santiagueño tiene una larga historia que, para algunos, se remonta a más de mil años. Fuertemente ligado a la influencia incaica, sus diseños son relatos de diferentes momentos de la historia de estas tierras y de sus habitantes.

Creamos La escuela de telar de Blanca Pozo para rescatar este arte que se iba olvidando poco a poco- y transmitirlo a las nuevas generaciones. Pero el arte y la cultura no son inmóviles, van cambiando, están vivos.La Escuela es también un lugar donde esta vitalidad puede desplegarse.

El concurso anual de textiles que organiza es, justamente, una invitación a la libre expresión de las teleras. En sus dos ediciones hemos comprobado la revitalización de esta cultura.

El concurso de textiles es de libre inscripción y tiene dos categorías: menores, para las tejedoras de entre 12 y 21 años y mayores, para quienes tienen 22 años o más. Se eligen primero, segundo y tercer premio y menciones especiales

 
COMENTARIOS

Para otorgarle al concurso un marco profesional, valorizador y prestigioso, convocamos cada año un jurado de expertos en temas textiles, externos a la gestión de Adobe.

Así comentó la Dra. Ruth Corcuera su participación:

“Agradecemos a todos los que han hecho posible que nosotros estemos aquí entre Ustedes. No hemos venido a enseñar, hemos venido a aprender. Una gran ciudad como Bs. As. no nos permite ver el conjunto de lo que es la Argentina profunda. Necesitábamos venir. Necesitábamos encontrarnos con el núcleo originario de nuestro país. Santiago del Estero fue la primera fundación de la tierra que hoy es el país de los argentinos. Se la ha llamado "Madre de las ciudades". Ustedes nos están dando la alegría del color de vuestros textiles, de sus campos, de sus sonidos y de sus colores. Debemos mantenernos unidos para que se cumplan los sueños y objetivos de nuestros mayores...... y hay que dar las gracias al Señor de Mailín, pidiendo que nos mantenga unidos, porque más allá de los hombres esta Dios, están nuestras familias, están nuestros tejidos y antes estaba la cochinilla que nos va a dar otra vez la grana, que fue la riqueza de Santiago del Estero, junto con la miel. Cuando reinaba la plata en Potosí ¿qué enviábamos desde acá? Enviábamos la grana y la miel, Catamarca enviaba el algodón, Tucumán enviaba los carros a esa ciudad luminosa, deslumbrante por su producción de plata. El gran historiador, Roberto Levillier, nos dice que todo eso pasó ¿Y ahora qué nos queda? Nos queda esto, la gente y la necesidad de reencontrarnos con ellos en nuestros tejidos. Les damos las gracias por todo esto, que nos hace volver a la ciudad con una gran alegría y el deseo de seguir luchando y seguir uniéndonos.

Muchas gracias."

JURADOS EDICION 2007

PRIMAVERA EN EL MONTE

SUSANA F. RENARD

Argentina. Arqueóloga, investigadora. Realizó trabajos de investigación en Arqueología, especializándose en el estudio de textiles arqueológicos de la Argentina. Perteneció al CONICET, desempeñando sus tareas en el Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires. Además se interesó permanentemente por todas las manifestaciones textiles como productos de las sociedades y su cultura, desde las etnográficas hasta el tejido tradicional  y actual.

RUTH CORCUERA

Argentina. Doctora en Historia. Investigadora y escritora. Sus primeros libros fueron Gasas prehispánicas y Herencia textil andina (1987). En el año 2006 fue incorporada a la Academia Nacional de Bellas Artes, lo que constituyó una alta valoración del arte textil como integrante del patrimonio argentino. En 1991 publicó Azul sagrado (Cuadernos del Sahara), después de cuatro años en Túnez, Senegal, Cabo Verde, Mali, Mauritania y Guinea Bissau. Escribió Ponchos de las tierras del Plata, donde restituyó "la presencia del poncho precolombino en nuestros Andes". Luego, El arte del algodón en Catamarca y Mujeres de seda y tierra.

CLAUDIA GOLDÍN

Argentina. Psicóloga y Artista textil. Coordina el Programa de Capacitación Artesanal dependiente de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario. Fue Coordinadora del Programa de Difusión del Patrimonio Americano área Artesanía dependiente de la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Rosario. Realiza actividades de  Difusión del Arte Textil Americano en la Universidad Nacional de Rosario.  Conformó la Cooperativa de Mujeres tejedoras Barrio las Flores y es Coordinadora del Micro emprendimiento Grupo “Tejiendo Redes” promovido por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. Es Co- coordinadora del Emprendimiento textil artesanal de alfombras y tapices con sello distintivo  en conjunto con Secretaría de Producción de la  Municipalidad de Rosario y la Secretaría de Promoción Social Proyecto de conformación de una línea artesanal con sello distintivo de Rosario. www.entrehilos.com.ar

 

JURADOS EDICION 2008

LAS FLORES

ISABEL IRIARTE

Argentina. Licenciada en Historia del Arte. Está a cargo de las colecciones de tejidos arqueológicos del Museo Etnográfico “José B. Ambrosetti” de la Universidad de Buenos Aires. Es docente en la carrera de diseño textil de esa misma universidad y de la escuela Municipal de la Joya. Buenos Aires. Argentina. Dicta conferencias dentro y fuera del país. Es un referente en temas relacionados con los textiles etnográficos.

MANUELA RASJIDO

Argentina,  cursó la carrera de Letras. En la Provincia de Catamarca, en Santa María, donde vive y trabaja, experimenta con materiales y técnicas diversas, investiga los procedimientos antiguos de teñido, hilado y tejido. Con un concepto personal creó su estilo de prendas de vestir que denominó "Arte para usar", por lo que es conocida a nivel nacional e internacional. Paralelamente desarrolla una intensa tarea en el plano del arte textil, tapiz y pintura. Obtuvo importantes premios, entre los que se destacan: Premio Konex 2002: Diseño de Indumentaria y Premio "Diseñador del 2000" del Gobierno de la  Ciudad de Buenos Aires.

ENRIQUE SALVATIERRA

Argentino. Artista plástico. Tomó sus primeras clases de dibujo y pintura en el taller de su padre, Ernesto Salvatierra, en Santa María, Catamarca. En su obra funde el conocimiento ancestral, con las ideas intelectuales del mundo contemporáneo. Ha centrado su creación apasionadamente, en las verdades americanas, orientación que se  advierte en las imágenes de sus tapices,  relieves cerámicos y  pinturas. Ha obtenido innumerables premios y ha sido distinguido con el Premio Konex 1992, por su labor en cerámica.